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Todos somos libros de una gran biblioteca llamada Bogotá

La cantante y bailarina Liliana Asprilla, usuaria frecuente de la Biblioteca Pública Virgilio Barco. Fotografía: Johan Reyes.

Reportaje patrocinado

Todos somos libros de una gran biblioteca llamada Bogotá

¿Sabías que en las bibliotecas de la capital puedes bailar, cocinar, asistir a festivales y usar herramientas para construir, por ejemplo, rampas de skate?

Diana María Pachón

Hace unos años, las bibliotecas de Bogotá se veían como iglesias a las que había que entrar en silencio, con los pies de puntitas, sin comidas ni bebidas, con un respeto reverencial. Eran lugares plagados de páginas inertes que cambiaban de mano, algunas tan empolvadas que parecían moribundas. Pero en los últimos tiempos algo viene sucediendo en la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, BibloRed. Y hoy les quiero contar estas historias.

Patines, rampas y letras

Eran ocho y los llamaban vándalos por montar patineta en las afueras de la Biblioteca El Tunal, en el suroccidente de Bogotá. Los celadores los consideraban enemigos y las señoras los miraban como si fueran delincuentes. Los echaban de allí porque no era el lugar adecuado para hacer maromitas. Los muchachos reviraban: el parque de skate del barrio llevaba cerrado un par de meses y las afueras de la biblioteca les permitía practicar sus saltos y acrobacias.

John Vela, de 42 años, diseñador industrial y en ese momento integrante de la línea Cultura Digital e Innovación de BibloRed, se vio reflejado en esa urgencia de saltar sobre ruedas. En su adolescencia fue roller, un montador de patines donde la calle diera papaya. Él también padeció los alegatos de los vecinos por dañar el espacio público. En esa época, a mediados de los noventa, rodar por las aceras y hacer piruetas en los parques era aún más clandestino y estigmatizado.

John Vela se acercó a los muchachos y les propuso idear un plan para conseguir lo que la práctica del skate requería. Les dijo que, si el problema era la ausencia de rampas para practicar el deporte, entonces había que construirlas.

En marzo de 2024 iniciaron el proyecto Patina y construye. Lo primero fue diseccionar esa práctica deportiva: hablaron de energía mecánica, resistencia del viento, centro de masa, coeficiente de fricción, impulso, velocidad y ángulo de acción, términos inentendibles, incluso para ellos ocho, capaces de practicarlos suspendidos en el aire.

Asesorados por Vela y el ingeniero mecánico Jeison Rincón, construyeron varias rampas de salto que remataron con colores psicodélicos de arte callejero. Lo hicieron en una de las seis salas LabCo de la ciudad, espacios de creación y experimentación de BibloRed —la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá— que impulsan la apropiación social del conocimiento, mediante el aprendizaje práctico, la innovación, la ciencia, la tecnología y el trabajo colaborativo, en un entorno de laboratorio y fabricación. Lo más parecido a jugar y aprender.

Sazón en las aceras y libros en el Transmilenio

¿Sabe usted qué es una eugenia? Suena a nombre de mujer, pero es un fruto morado cuando está crudo y fucsia intenso cuando está cocido. Una veintena de señoras, todas mayores de cincuenta  años, no tenía idea de la existencia de esas pepitas que crecen en las aceras de Bogotá, bajo el humo de los vehículos, menos aún de su utilidad en la preparación de jaleas, mermeladas y compotas. Lo aprendieron en uno de esos espacios de innovación, en una LabCo. Fue un hallazgo dulcísimo. Otro grupo, también de mujeres de mediana edad, aprendió a preparar amasijos. Hace veinte años era impensable que una biblioteca  oliera a comida recién preparada.

Hay seis salas LabCo en Bogotá: en la Biblioteca Gabriel García Márquez de El Tunal, en la Biblioteca Pública Manuel Zapata Olivella El Tintal, en la Biblioteca Pública Virgilio Barco, en la Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, en la Biblioteca Pública de Bosa y en el Centro de la Felicidad de Chapinero. En ellas, los usuarios tienen acceso a herramientas de carpintería y de cocina, impresoras 3D, cortadoras láser, equipos de robótica, elementos para hacer piezas audiovisuales y otros artilugios tecnológicos de última generación.

BibloRed lidera esas experiencias de aprendizaje y creación colectiva que además incluyen proyectos artísticos, literarios y comunitarios.

La Red, que propone un tejido de transformación y apropiación de los espacios urbanos, es una dependencia de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, creada en 2001. Pero la historia se remonta unos años atrás, a 1998, con la construcción de las megabibliotecas concebidas como parte del Plan de Desarrollo Económico, Social y de Obras Públicas de Bogotá. Una idea ambiciosa.

El plan buscaba el diseño y construcción de espacios agigantados, que además parecieran obras de arte, con múltiples entradas de luz y espacios para experiencias novedosas, activas y festivas. Que ofrecieran, además de la lectura, áreas de exposiciones, música, conciertos, baile, cine… Para concebir esos colosos de cemento convocaron a arquitectos consagrados del país y del exterior: Daniel Bermúdez Samper, Suely Vargas Nóbrega, Manuel Antonio Guerrero, Marcia Wanderley y, por supuesto, Rogelio Salmona, reconocido por Las Torres del Parque y el Archivo General de la Nación. Ahora BibloRed acoge treinta y un  bibliotecas, tres de ellas en los centros penitenciarios El Buen Pastor, La Cárcel Distrital y La Modelo de Bogotá.

Debido al inmenso tamaño de Bogotá, BibloRed también buscó alternativas para extender la oferta de lectura por medio de las Bibloestaciones, ubicadas en doce estaciones de Transmilenio. Allí donde todos corren, la lectura es una invitación para detenerse y continuar los viajes a lomo de libro. Por eso, además, se crearon noventa y cinco PPP, Paraderos Paralibros Paraparques, cada uno con unos trescientos títulos de todos los géneros literarios.

Con una apuesta tan ambiciosa, la ciudad se inundó de relatos y, en algún momento, las páginas que los contaban dejaron de ser solo físicas y se volvieron virtuales. A finales de 2019 nació la Biblioteca Digital de Bogotá, con una inversión aproximada de 1.500 millones de pesos, cuatro años de trabajo y más de tres millones de contenidos en varios formatos.

El año pasado, BibloRed puso en marcha la primera fase de los Proyectos Bibliotecarios Comunes, como parte de la estrategia Barrios Vivos, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Este integra el trabajo de las bibliotecas públicas y comunitarias con el de los habitantes de las localidades. Se desarrollan sobre varios ejes temáticos: memoria y patrimonio, ambiente, ciencia y cultura digital, formación e investigación en liderazgos, y apropiación territorial. Durante la primera versión se ejecutaron siete propuestas con la participación de más de 2.400 personas.

Patear el balón y escribir el fútbol

El trofeo de la LibroCopa, el torneo de microfútbol mixto impulsado por BibloRed y creado por el colectivo Literarios, está inspirado en el del Mundial de Fútbol de la FIFA, que pesa 6.175 kilogramos, cinco de ellos de oro macizo. Pero el que corona a los mejores microfutbolistas del distrito no ostenta un balón sino un cerebro con su enervado de surcos. Libro Copa combina el deporte con la lectura. Desde la creación del torneo participan equipos de bibliotecas comunitarias, conformados por jóvenes entre los catorce y los diecisiete años.

Un álbum de la Libro Copa, el torneo de microfútbol
mixto impulsado por Biblored.
Un álbum de la Libro Copa, el torneo de microfútbol mixto impulsado por Biblored.
La cantautora Victoria Sur en un evento del Festival Reverso 2025. Fotografía Luis Gabriel Morales

La idea surgió de un futbolista frustrado. Así se confiesa Andrés Buitrago, el creador del proyecto. El deporte le siguió pateando la cabeza, y concluyó que no había necesidad de ser jugador para anotar goles memorables. Él se reunió con los directores de las bibliotecas de la localidad de Kennedy, contactó a BibloRed y el proyecto, que imaginó barrial, se convirtió en distrital. 

Para la versión de este año, los seis equipos enfrentados son de las localidades Kennedy y Chapinero. Se juegan cinco fechas y el ganador se premia con una colección de libros recogidos durante el periodo de la copa. Además, cada equipo recibe uniformes y refrigerios, y hasta son acompañados por fanáticos que celebran sus goles. Quizá, el mayor mérito para los jugadores es ver sus rostros en monitas adhesivas que se pegan en un álbum similar al de Panini, el oficial del Mundial. Ese álbum, en versión local y a todo color, es la biblia del torneo. Aparte de las caritas sonrientes y coleccionables, aparecen crónicas elaboradas por los deportistas y una sección titulada El Micronario, el primer diccionario de microfútbol escrito por los competidores.

Aparte de sudar la camiseta en la cancha, los jóvenes reciben cuentos y crónicas sobre fútbol de escritores como el mexicano Juan Villoro, autor, entre varios libros, de Dios es redondo. Del novelista, guionista y ensayista argentino Eduardo Sacheri. Y del referente de la literatura latinoamericana Eduardo Galeano, un apasionado del balompié.

Con esas lecturas rebotando en la cabeza y las experiencias de las contiendas, los jugadores redactan textos sobre los goles que desperdiciaron, o los que entraron de chepa. También el encontrón con un rival o la falta que no sancionó el árbitro. Se trata de otro juego que consiste en racionalizar las emociones y las rencillas, y describirlas en el papel con la contundencia de una gambeta o la plasticidad de un remate de palomita.

¿Te interesa el arte? Ponle cuidado a esto…

BibloRed ha ideado convocatorias acordes con los movimientos artísticos de la ciudad. En 2024 surgió el Festival Reverso Bogotá, una alternativa para escuchar la voz de los poetas, que pueden inscribirse en alguna de las cuatro categorías: textos enfocados a un público infantil, nuevas voces, que premia autores entre los dieciocho y veintiocho años, poesía experimentada y publicada y poesía expandida, es decir la que toma recursos del video, las instalaciones o el performance. Reverso Bogotá premia a doce escritores con incentivos que suman cien millones de pesos. A la par del concurso se ofrecen recitales en las bibliotecas y en las emisoras universitarias y distritales.

Como parte de ese apoyo a los autores, la Red Distrital de Bibliotecas inauguró hace cinco años el festival de editoriales independientes La Vuelta, que se ha consolidado como un escenario importante para la literatura nacional. En años anteriores se ha contado con la presencia de autores nacionales y extranjeros, entre ellos, la poeta, periodista cultural, licenciada en Filosofía y tuitera española, Silvina Giaganti; la escritora mexicana, ganadora Premio Nacional de Literatura Juan José Arreola, Andrea Chapela y el editor, escritor, animador e ilustrador colombiano, Lizardo Carvajal. En 2024 fue destacada la participación del escritor congoleño In Koli Jean Bofane, líder de las luchas sociales de su país.

BibloRed, en cabeza de Andrea Victorino, ha buscado ampliar la mirada de la ciudad, volverla más sensorial; que las calles se palpen, se huelan, se escuchen y se interpreten. Realzar el vínculo íntimo entre el que ve y el objeto observado. Para afianzar esa búsqueda, se crearon las convocatorias: Bogotá revelada, Ilustre Bogotá y Contracuerpo.

¿Cómo vemos la ciudad? Algunos lo hacen por medio de la perspectiva de los perros, de las luminarias coloradas de los trancones, de los vendedores ambulantes, del frío que se descuelga de los cerros. Más de 170 personas, entre profesionales y aficionados, se inscribieron al concurso Bogotá Revelada para narrar, visualmente, el lugar que habitamos. Los ganadores de las tres categorías son premiados con la impresión de varias de sus fotografías, y una exposición itinerante en los escenarios de BibloRed.

Ilustre Bogotá, la segunda de estas nuevas convocatorias, está pensada para pintar e interpretar la ciudad por medio de la ilustración. En su primera versión se inscribieron casi doscientos  trabajos en dos categorías: emergentes y profesionales.

Contracuerpo, la convocatoria más reciente, invita a duplas para que interpreten, por medio de la danza, la conexión de los cuerpos con el espacio que habitan en Bogotá. Las obras ganadoras se presentarán en bibliotecas, plazas públicas y escenarios al aire libre.

En poco más de dos décadas, BibloRed pasó de custodiar estanterías a activar procesos comunitarios que mezclan deporte, ciencia, arte, memoria y ciudad. Las bibliotecas que antes parecían templos erigidos a un dios silencioso e intocable ya no existen. Los antiguos rituales que exigían caminar en puntillas y hablar en susurro han sido consumados. Ahora, la divinidad que rige el santuario de los libros en Bogotá es la misma que camina sus calles y que, ruidosa, celebra sus vértigos. Cada libro es como un trozo de esta ciudad que, por los méritos de quienes la leen y la aman, es una extensa librería.

Frases del Micronario de la Libro Copa, jugado en Bogotá.
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