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Denuncia
Una vaca de El Ubérrimo embistió a una mujer y los Uribe dejaron de responder
La empresa del expresidente y su familia le hicieron pagos mensuales durante tres años, pero los suspendieron sin previo aviso. La víctima entabló una demanda civil y ahora quiere retirarla después de ser presionada y maltratada por trabajadores de la famosa hacienda.
Por y | Ilustración: Leo Parra

Portada Vaca Impune Ubérrimo
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Elizabeth Herrera Peinado fue atacada por una vaca de El Ubérrimo, la hacienda del potentado y expresidente Álvaro Uribe Vélez. Ocurrió al mediodía del 28 de octubre de 2022, en la vereda El Campano, corregimiento de Sabanal, municipio de Montería, Córdoba. La mujer, de sesenta y cinco años, caminaba por el sendero de herradura que colinda con la extensa propiedad y el animal, recién parido, con su cría al lado, la embistió por la espalda y la pisoteó ante la mirada de dos trabajadores de la hacienda. Según el expediente judicial, ellos observaron la escena sin intervenir de inmediato.

Fue un tercer trabajador, Gregorio Martínez, quien espantó a la res y solicitó el auxilio de uno de los escoltas del expresidente, que además cumplía labores de capataz. Elizabeth fue trasladada  a la Clínica de Traumas y Fracturas de Montería en una ambulancia que llamaron de El Ubérrimo. El diagnóstico médico enumeró fracturas múltiples en la tercera, cuarta y quinta costilla del hemitórax izquierdo y un neumotórax traumático. Por suerte, ningún hueso roto perforó una arteria o comprometió un órgano. Pero faltó poco.

La lesión más grave fue una fractura multifragmentada de la epífisis distal del cúbito y del radio izquierdos. El hueso no se rompió en dos; se trituró como un cristal en múltiples astillas. El diagnóstico detalla que, debido a la fuerza del pisotón de la vaca, un extremo del hueso se deslizó por encima del otro, sobreponiéndose. Esa misma noche operaron a Elizabeth. La intervención exigió el implante de placas y tornillos para intentar reconstruir la extremidad. Pero el armazón no impidió que la extremidad sufriera una deformidad permanente.

Tras meses de una dolorosa rehabilitación, el brazo no pudo recuperar sus movimientos básicos de autonomía. La mujer, que trabajaba en oficios del campo y lavando ropa, ahora dependía de otros para sus actividades cotidianas. Una hija, Lidys Inés Torres Herrera, renunció a su trabajo para cuidarla a tiempo completo. En un principio, durante casi tres años, la empresa Agropecuaria El Ubérrimo S.A.S., cuya representante legal es Lina Moreno de Uribe, asumió una responsabilidad de facto sobre el accidente que le costó una incapacidad permanente a una vecina.

Mediante transferencias bancarias desde cuentas de Scotiabank Colpatria e Itaú Empresas, la empresa del mayor terrateniente de la región le giró a la mujer un millón de pesos mensuales por concepto de incapacidad. Los encargados de su tesorería, siguiendo una orden perentoria de constatar los pagos, escribían de su puño y letra la justificación del gasto en los comprobantes de consignación: «Accidente vaca». Pero ese flujo de dinero se interrumpió en septiembre de 2025. Sin explicación ni aviso, Agropecuaria El Ubérrimo S.A.S. cesó los pagos y se desentendió de Elizabeth Herrera, ahora de 68 años.

Los hijos de la mujer, que solían ver las apariciones del expresidente en televisión vociferando discursos sobre la prosperidad y la justicia, sintieron indigno ese trato con la madre, reducida en sus capacidades de modo irreversible. ¿A quién podían recurrir? Para los campesinos que viven en las márgenes de la hacienda, la única certeza de la cercanía del patriarca son las polvaredas de su séquito y el barullo de las sirenas. La decisión de la mujer fue iniciar una reclamación formal y el 14 de enero de 2026, el abogado Daniel Francisco Pacheco Peroza radicó una demanda a su nombre ante el Centro de Servicios Judiciales de Montería.

La sombra del patriarca

La pretensión de la mujer asciende a noventa y cinco millones de pesos por concepto de daño emergente, lucro cesante y daño a la vida de relación, es decir, la imposibilidad de actividades cotidianas, sociales y familiares. El artículo 2353 del Código Civil establece que el dueño de un animal, o quien se sirva de él, es responsable de los daños causados a terceras personas, incluso si se suelta o extravía. Pero la madre tiene miedo, y sus hijos también. Hace un par de noches, un trabajador del expresidente se apareció en su casa para convencerla de que desistiera de la demanda. La mujer lo atendió muy asustada. Su temor no son las vacas.

«Ella quedó muy nerviosa con esa visita. Me dijo que lo mejor era desistir del proceso», cuenta Daniel Francisco Pacheco. No ha sido la única agresión reciente. Hace una semana, la invitaron a la hacienda para regalarle leche, y ella fue. «Pero cuando entró, algunos trabajadores la insultaron, la trataron muy mal», recuerda el abogado. Él le insiste que mantenga la reclamación, que no se deje amedrentar. Elizabeth no quiere hablar con él por teléfono. Teme que el aparato esté intervenido y puedan escucharla. La mujer es consciente de su pequeñez. El lote en que se levanta su casa, a orillas de El Ubérrimo, mide doscientos metros cuadrados.

La propiedad de Álvaro Uribe Vélez, en cambio, es un territorio de 1.500 hectáreas en las planicies más productivas de Córdoba. Su nombre proviene del latín uberrimus, que significa «fértil en sumo grado». La hacienda es un oasis de pastos mejorados para la cría de ganado de raza y caballos de paso fino. Hasta allí suelen peregrinar alcaldes, gobernadores, congresistas, expresidentes de la república, banqueros, empresarios, reinas de belleza y jugadores de la selección colombiana de fútbol, algunos de los cuales suelen posar como estatuas sonrientes mientras el expresidente, y dueño de su propio partido político, los rodea a lomo de caballos de paso fino y ejecuta cabriolas de jinete de feria.

El historial judicial vinculado a El Ubérrimo abarca desde la ocupación indebida de baldíos hasta su uso como centro de reclusión domiciliaria. En agosto de 2022, la Agencia Nacional de Tierras ratificó que un lote de 8,3 hectáreas explotadas durante años por la Agropecuaria El Ubérrimo S.A.S. pertenecía a la Nación, así que ordenó su recuperación. Fue en ese mismo latifundio donde Álvaro Uribe Vélez cumplió la detención ordenada por la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, en octubre de 2025, el Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena de doce años y lo absolvió. El político más poderoso del país, acusado de sobornar testigos, cabalga sus tierras libre de cargos.

Elizabeth Herrera Peinado se reunirá con su abogado este fin de semana. Él irá hasta su casa y tratará de convencerla de mantener la demanda y reclamar lo que le deben por culpa de la incapacidad permanente de su brazo izquierdo. La mujer quizá lo ignore, y saberlo a lo mejor la reconforte, ella tan creyente de la benevolencia del cielo: ese 28 de octubre en que la embistió la vaca de El Ubérrimo fue el día de San Judas Tadeo, benefactor de las causas perdidas, santo de los imposibles.

Nota editorial:

CasaMacondo intentó hablar con Álvaro Uribe Vélez para conocer su versión de estos hechos, pero el expresidente no respondió.

Foto de Juan Pablo Barrientos

Juan Pablo Barrientos

Jefe de la Unidad Investigativa. Periodista. Fue corresponsal en Washington de La Fm y Noticias RCN; director de Teleantioquia Noticias; periodista de La Fm, W Radio, Caracol Radio, Vorágine y ahora CasaMacondo. Ha sido profesor de las universidades de Antioquia, Pontificia Bolivariana, Eafit, Santo Tomás y Politécnico Grancolombiano. Autor de tres libros: Dejad que los niños vengan a mí (2019), Este es el cordero de Dios (2021) y El archivo secreto (2023). Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2018, 2020 y 2022). Premio a la Libertad de Prensa en la categoría Impacto de Reporteros Sin Fronteras (2023). Cofundador de CasaMacondo. E-mail: direcciongeneral@casamacondo.co
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José Alejandro Castaño

Escritor, periodista y editor. Ha sido finalista del Premio Kurt Schork, de Columbia University, y ganador del Casa de las Américas de Literatura, del Premio de Periodismo Rey de España y tres veces del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Es autor de los libros: La isla de Morgan (U. de Antioquia, 2002), ¿Cuánto cuesta matar a un hombre? (Norma, 2006), Zoológico Colombia: crónicas sorprendentes de nuestro país (Norma, 2008), Cierra los ojos, princesa (Ícono, 2012), Perú, reino de los bosques (Etiqueta Negra, 2012). Es coautor del libro Relato de un milagro. Los cuatro niños que volvieron del Amazonas (El Peregrino Ediciones, 2023). Algunas de sus crónicas están incluidas en antologías y han sido traducidas al inglés, francés, alemán y japonés. Cofundador de CasaMacondo.
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