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Ficha inmobiliaria
Aida Quilcué, resguardo en tierra firme
CasaMacondo
Trasladó sus activos desde el convulso Cauca hasta una reserva rural en el Huila, libre de deudas.
Aida Marina Quilcué Vivas concentra su patrimonio inmobiliario en la vereda Matanzas del municipio de Paicol, Huila. En diciembre de 2022, adquirió el lote El Paraíso, un terreno de dos hectáreas por 500 millones de pesos. Un año después, en diciembre de 2023, compró a los mismos vendedores el lote colindante La Quebradita, también de dos hectáreas, por un monto de 20 millones de pesos.
Ambos predios rurales están vinculados por una servidumbre de tránsito donde El Paraíso actúa como el predio sirviente que permite el paso hacia La Quebradita, el beneficiado. Aquella estructura técnica otorga un dominio hermético sobre un enclave situado en los pliegues de la Serranía de las Minas. Es una zona de transición entre el valle del río Páez y el Magdalena.
Paicol ofrece una geografía de bosque seco tropical y formaciones de roca caliza que contrastan con los suelos volcánicos y los paisajes de páramo de su natal Cauca. La vereda Matanzas se ubica en una franja térmica que promedia los 24 grados centígrados, la temperatura de una primavera permanente.
Aida Quilcué posee tierras libres de deuda financiera ante las oficinas de registro. La ausencia de pasivos convierte sus bienes en activos sólidos, aislados de las presiones del sistema crediticio. En su historial de propiedades figura el lote Sopla Viento, que compró en 2009 en la vereda Las Piedras, de Popayán, un terreno de 630 metros cuadrados y que vendió en febrero de 2013 por 32 millones de pesos.
Aida Quilcué nació en la vereda La Troja, en el Resguardo de Mosoco, en Páez, Belalcázar. Ese territorio, incrustado en el corazón de la zona de Tierradentro, es un escenario histórico de tensión social por la tenencia de la tierra, un enclave estratégico donde el pueblo Nasa ha librado una lucha centenaria por la autonomía, amenazada hace décadas por los grupos guerrilleros y paramilitares.
Paicol, por su ubicación en la ruta que conecta el centro del país con el Macizo Colombiano, le ofrece una calma que los territorios en disputa de su infancia no pueden garantizar. Mientras la senadora defiende en el Capitolio la propiedad colectiva, en lo privado asegura una parcela de autonomía individual. Sus hectáreas representan el retorno a la seguridad física en un entorno de paz comercial.
Al final de la jornada, la gestión patrimonial de la líder indígena se asienta en una lógica de resguardo material. Sus títulos en el Huila constituyen un seguro frente a la volatilidad del país. La propiedad privada le otorga, en el ámbito personal, la certidumbre jurídica que el conflicto social, y armado, aún impiden en los territorios ancestrales.
Resguardo en tierra firme
Trasladó sus activos desde el convulso Cauca hasta una reserva rural en el Huila, libre de deudas.
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