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Crónica
Autopistas de depredación: El tráfico de fauna por tierra y mar en Ecuador
En los últimos dos años, en Ecuador, cada hora una persona muere por culpa de la violencia. Una investigación de casi un año halló que la reciente escalada también afecta a miles de animales marinos y terrestres.
Por y | Ilustración: Leo Parra

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Tierra

Fauna silvestre, el nuevo botín del crimen organizado

En el corazón del Parque Yasuní, en la Amazonía, este equipo constató que actores foráneos llegan desde Perú para llevarse especies de fauna amenazada. Desde 2023, 14 ejemplares de fauna silvestre fueron incautados por las autoridades de las garras de grupos criminales, que los utilizan como símbolo de estatus asociados con sus nombres: Los Lobos, Tiguerones, Lagartos. La debilidad institucional hace que sea relativamente fácil acceder a especies protegidas.

Jaguar rescatado en Ecuador. Foto de Arturo Torres.

Fue un Pikena, un chamán del pueblo indígena waorani. Se llamaba Kemperi Baihua y murió en marzo de 2023. En Bameno, su comunidad, dicen que vivió más de cien años y que poseía el espíritu del meñe, el jaguar. El felino le avisaba en sueños si al día siguiente los waorani podían recorrer la selva en busca de carne del monte, sin peligro de encontrarse con sus parientes lejanos, los pueblos en aislamiento voluntario. Kemperi, el último gran chamán jaguar, partió a las estrellas, relataban en su comunidad, al calor del fuego encendido con leña, mientras cocinaban algo de yuca y carne de animal recién cazado. 

La nacionalidad waorani, en Ecuador, es el grupo indígena de más reciente contacto. A fines de la década del cincuenta, un puñado de misioneros evangélicos estadounidenses llegó por aire a ese rincón amazónico para adoctrinar a los «patas coloradas», como se los llamaba. Todos los ocupantes de la avioneta murieron atravesados por lanzas. Así terminó el aislamiento, aunque dos clanes emparentados escogieron evitar el contacto y se internaron en la selva.

La comunidad de Bameno está asentada en el corazón del Parque Nacional Yasuní, en las provincias de Orellana y Pastaza, en los cantones de Arajuno y Aguarico. La zona luego delimitada como el Parque Yasuní, un área protegida con una superficie similar a la mitad de El Salvador, permitió que especies de fauna y flora sobrevivieran a las glaciaciones durante miles de años. Por eso es uno de los lugares con mayor diversidad del planeta. Alberga 1.300 especies de árboles, 610 de aves, 268 de peces y 200 especies de mamíferos. Por la diversidad de plantas, es más diverso que Canadá y Estados Unidos juntos. 

La Unesco lo clasificó en 1989 como Reserva de Biósfera. Según estudios científicos, durante el período del Pleistoceno los cambios climáticos provocaron que las selvas sirvieran de refugio para especies de flora y fauna, mientras se formaban unas nuevas.

Estos espacios son conocidos como refugios del Pleistoceno. Este periodo empezó hace 120 mil años y terminó hace menos de 11 mil.

Bameno enfrenta ahora nuevas amenazas. En especial, la intrusión de actores criminales, algunos desde Perú, que buscan madera y especies de fauna protegida. No se sabe quiénes son los cowori (extraños), pero sí que llegan armados. Ante el avance del crimen organizado, las comunidades indígenas waorani, de Bameno, y kichwa, de Kawsay Sacha, realizan permanentes monitoreos en los ríos Cononaco, Curaray y la Quebrada del Lobo, con el apoyo de organizaciones, entre ellas, la Fundación Alejandro Labaka y el Grupo Social FEPP.

Los hallazgos son alarmantes, según uno de los guardianes comunitarios. Evidencian la magnitud de la explotación: hay campamentos de cacería ilegal, tala de especies amenazadas e infraestructura ilegal: se abrieron caminos de hasta 12 metros de ancho, dice. Pero también hay indicios de una brutal caza furtiva. «Hemos encontrado animales decapitados, mutilados», dijo a mediados de octubre de 2025, uno de los guías. Él recordaba que Kemperi advertía a su gente sobre los peligros de los cowori.

La carne del monte

El objetivo de estas incursiones es la extracción masiva de proteína silvestre —«carne de monte»— para su comercialización. Los extraños se llevan peces de laguna, peces de río, mamíferos y reptiles. Los guardianes cuentan que una vez que llenan sus barcazas con el botín, los intrusos retornan a Perú para ingresar el producto en el mercado negro, donde la carne y los animales vivos alcanzan altos precios.

Uno de los guardianes comunitarios explicó que el tráfico de fauna tiene, al menos, cuatro consecuencias graves para la comunidad waorani en Bameno. Para empezar, la extracción masiva de animales y peces pone en riesgo la base alimentaria del pueblo waorani, ya que esa carne es parte de su dieta ancestral y su principal fuente de proteína. Segundo, cuando gente del exterior ingresa en territorios, pone en riesgo la supervivencia de los últimos pueblos indígenas en aislamiento voluntario, que no tienen inmunidad frente a enfermedades comunes, como la gripe. Tercero, se afecta el turismo cultural, ya que Bameno suele recibir visitantes extranjeros pero noticias como esta alejan a los visitantes. Por último, el despojo de sus animales les hace sentir desprotegidos.

En la zona selvática cerca de Bameno hay un destacamento militar en Cononaco y un puesto de control del Ministerio del Ambiente. Hasta 2020, este último estuvo abandonado. Fue invadido e incendiado parcialmente, lo que facilitó el tránsito ilegal. Si bien el puesto ha vuelto a funcionar, la escasez de combustible y las distancias geográficas limitan la capacidad de monitoreo, de acuerdo con el guía que fue entrevistado.

A pesar de las limitaciones, la colaboración entre comunidades y Estado da resultados. En julio de 2025, las comunidades waorani Bameno y kichwa de Kawsay Sacha denunciaron la presencia de una barcaza ilegal peruana en el río Cononaco. El Ejército y funcionarios del ministerio de Ambiente detuvieron la embarcación, que estaba cargada de carne de monte salada y seca, pieles de saínos y tortugas vivas, pero no se pudo establecer la especie.

Según otro guía comunitario, que pidió anonimato, este patrón criminal desangra al Yasuní, una de las zonas amazónicas más biodiversas del planeta. Muchos se preguntan para qué se llevan tantos animales. Algunos waorani claman al espíritu del jaguar, le piden que no les abandone en la selva.

En manos del crimen

Jaguares, tigrillos, caimanes, guacamayas: todos estos animales de la Amazonía enfrentan distintos niveles de amenaza por la crisis climática, la deforestación y la caza ilegal. Pero recientemente se enfrentan a otra amenaza común: son codiciados por los grupos de crimen organizado que operan en Ecuador. 

Las especies exóticas son el nuevo botín de los grupos narcodelictivos. El fenómeno se intensificó en los últimos dos años en este país, donde cada hora una persona muere víctima de violencia.

Durante seis meses, un equipo de reporteros rastreó las conexiones entre organizaciones criminales y ejemplares de fauna silvestre convertidas en mascotas y símbolos de poder frente a grupos enemigos, o representaciones identitarias y rituales de los grupos violentos.

Por lo menos cuatro estructuras delictivas, Los Choneros, Tiguerones, Lobos y Lagartos, explotan especies de fauna amenazadas. Hasta 2020, los Choneros dominaban el mapa criminal. Ese año, Jorge Luis Zambrano, Rasquiña, su líder, fue acribillado. La disputa por la sucesión del liderazgo provocó la fragmentación de los grupos violentos en Ecuador. A inicios de 2024, el gobierno de Daniel Noboa identificó a 22.

Los Choneros llevan droga por el Pacífico. En su ruta delictiva atrapan tiburones y fomentan el comercio ilegal de aletas, que son muy apreciadas en mercados asiáticos, sobre todo en China, por sus supuestos poderes afrodisíacos. Los Lobos, un grupo que se fraccionó de Los Choneros, y que ahora está en pugna con ellos, han llegado hasta Perú y Chile. Su portafolio criminal incluye microtráfico, extorsiones y control de minería ilegal. Se les atribuye la autoría material del crimen del presidenciable Fernando Villavicencio, quien fue asesinado cuando salía de un mitín de campaña, en agosto de 2023, días antes de las elecciones. Los Lobos buscan extender su hegemonía hacia las rutas marítimas para el envío de drogas. En su disputa con Los Choneros, convirtieron a Manabí, una provincia en el oeste del país, en un territorio violento. 

Bajo condición de anonimato, agentes de inteligencia revelaron que ejemplares de lobos de páramo (Lycalopex culpaeus), una especie de zorro que habita las áreas altoandinas de Ecuador, son capturados por miembros de este grupo criminal para fines rituales. Según un oficial de la Policía, un ejemplar juvenil fue hallado durante una acción de control en la cárcel de Latacunga, en Cotopaxi, un centro de reclusión dominado por esa organización. 

Desde 2008, la constitución ecuatoriana reconoce derechos a la naturaleza. Esto implica que el texto constitucional, al menos en teoría, garantiza la protección del ambiente. Luego, en 2022, la Corte Constitucional fue más allá. Ese año, una familia que había criado durante 18 años a un ejemplar de mono chorongo (Lagothrix lagothricha), a quien bautizó Estrellita, interpuso un recurso de habeas corpus, una medida legal que buscaba recuperarla aduciendo que la detención fue ilegal, luego de que la autoridad ambiental la incautara y reubicara en un zoológico, donde murió al poco tiempo. La familia solicitó recuperar la tenencia de la mona, sin saber que había muerto. El caso escaló hasta llegar a la Corte Constitucional, que determinó que los animales «no deben ser protegidos solo desde una perspectiva ecosistémica o con vistas a las necesidades de los seres humanos, sino principalmente desde una perspectiva centrada en su individualidad». A pesar de la sentencia, desde 2022 las autoridades han incautado 19.947 animales. Entre estos hay 22 ocelotes (Leopardus pardalis), 51 tigrillos (Leopardus wiedii) y 241 caimanes (Caiman crocodilus, Melanosuchus niger y Crocodylus acutus).

De dónde vienen los ejemplares

Esta investigación identificó tres puntos de tráfico ilegal de especies nativas en la Amazonía ecuatoriana, en las provincias de Orellana y Pastaza. Allí se venden vivos, muertos o en partes, especialmente, aquellos cuya carne es utilizada como alimento en las comunidades indígenas. 

Las redes ilegales de venta de especies silvestres se cobijan en la legislación nacional que garantiza a los pueblos ancestrales el derecho a abastecerse de carne de la selva para su subsistencia, dado que esta es parte de su dieta tradicional. La llegada de actividades extractivas petroleras y mineras a la región amazónica provocó la apertura de vías hacia zonas antes incomunicadas. Según una activista de Puyo, que pidió no ser citada, esto aumentó la presión de colonos, que buscan probar la cotizada «carne de monte» de especies como pecaríes, monos y tapires. La difusión de estos platos, por medio de redes sociales, aumenta la demanda. Un solo plato puede costar diez veces más que una libra de carne de especies de fauna selvática. Esta ya no se destina únicamente para la dieta de los pueblos indígenas, ahora es demandada por mestizos. 

El tráfico de especies se activa a través de plataformas y redes sociales, de acuerdo con el oficial a cargo de una de las tres unidades policiales que protegen la fauna silvestre. El uniformado, quien solicitó que no se publicara su nombre, dice estar frustrado. Solo hay dos fiscales especializados en delitos ambientales en todo el país, lo que dificulta iniciar procesos judiciales que terminen en sentencias.

Otro policía relativizó el problema y reconoció que el Estado no tiene capacidad para proteger a las especies de fauna amenazada. Por eso, dijo, los funcionarios se escudan en el argumento de que grupos criminales están detrás de ese negocio, y así justifican los escasos resultados.

La fauna rescatada

Entre 2023 y mediados de 2025, catorce ejemplares de animales nativos y exóticos fueron incautados en operativos y allanamientos a las estructuras criminales, según el Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), en respuesta a un pedido de información de este proyecto. Varias de las especies decomisadas se encuentran en peligro de extinción y hacen parte de la Lista Roja de Especies nacionales e internacionales de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), según ese ministerio. Varios están protegidos por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, CITES.

Del total de ejemplares recuperado de las garras del crimen organizado, la mayor cantidad corresponde al allanamiento en la finca de propiedad de Wilder Sánchez, más conocido por su alias, el Gato Farfán, quien actualmente espera una sentencia por cargos de narcotráfico en las cortes de Estados Unidos. 

Todo indica que el Gato Farfán intentaba reunir en una de sus propiedades un zoológico, al estilo de Pablo Escobar, el célebre narco colombiano que llegó a tener en su finca Nápoles, en el Magdalena Medio, una colección de fauna, que incluía cuatro hipopótamos.

«El narco local quiere parecer un traficante internacional de reconocida trayectoria, quiere emular su demostración de poderío con infinidad de propiedades, con recursos que aparentan ser ilimitados. Hay cierta afinidad por tener animales exóticos que representan a las organizaciones criminales», dice el general en servicio pasivo Freddy Sarzosa, quien fue comandante general de la Policía y director de Investigaciones. De acuerdo con Sarzosa, cuando el gobierno ecuatoriano decretó el estado de guerra interna contra el crimen organizado e identificó las estructuras narcoterroristas como objetivo militar, se visibilizó la magnitud del problema. El general Sarzosa tiene más de 35 años de experiencia. 

Los Tiguerones surgieron luego de 2020, en la provincia costera de Esmeraldas, limítrofe con Colombia. Miembros de esta facción tenían en su poder ejemplares de ocelote (Leopardus pardalis). Dos de ellos fueron rescatados en operaciones conjuntas con la fuerza pública, en febrero de 2024 y en junio de 2025. El ejemplar rescatado recientemente presentaba signos de desnutrición, pues sus captores le alimentaban con dieta inadecuada.

En junio de 2024, dos caimanes (Caiman crocodilus) fueron liberados cuando estaban en manos de integrantes de Los Lagartos. Hubo un caso adicional en 2024 que involucró a ejemplares de esta especie, pero las autoridades no lo tenían registrado.

Tras la huella de los jaguares del Gato Farfán

En abril de 2023, miembros de la Policía allanaron una finca en la provincia costera de Manabí. «Esperábamos encontrar una vivienda suntuosa. Nos topamos con un pequeño zoológico, con jaguares y aves exóticas. Nunca habíamos visto algo similar. Tuvimos que llamar a la policía ambiental», dijo un oficial que participó en el hallazgo del zoológico de Wilder Sánchez, el Gato Farfán. El uniformado habló con este equipo, bajo condición de anonimato, por seguridad.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló al Gato Farfán por contribuir a las actividades ilícitas de carteles mexicanos en el tráfico de cocaína a Estados Unidos. Fue detenido en Colombia, en febrero de 2023. En enero de 2024 fue deportado desde este país hacia Estados Unidos, donde se declaró culpable. Su juicio está programado para noviembre de este año. 

Tres meses después de su detención en Colombia, las autoridades ecuatorianas allanaron varias de sus propiedades. En la incursión a la finca en San Vicente, en Manabí, los uniformados encontraron y rescataron diez animales de especies protegidas y amenazadas, según un reporte del Ministerio de Ambiente (MAATE). Siete de ellos son nativos de la región amazónica. Había cuatro guacamayos azul amarillo (Ava ararauna), dos jaguares (Panthera onca) y una lora verde (Amazona farinosa). Adicionalmente, los uniformados hallaron tres aves exóticas de origen asiático: dos faisanes dorados (Chrysolophus pictus), que son originarios de las montañas de China y son un símbolo de prosperidad, y un faisán plateado (Lophura Nychthemera), que también procede de China.

No se estableció cuál fue la ruta de ingreso de estas aves raras, pero un experto en lavado de activos conjeturó que quizás fueron compradas en el mercado negro como un mecanismo de blanqueo. No se pudo determinar la ubicación actual de las aves exóticas.

Según la versión oficial del MAATE, los animales rescatados de esa operación «fueron derivados a medios de conservación y manejo ex situ de vida silvestre».

El nuevo hogar de los animales rescatados

Un periodista de este proyecto encontró a los jaguares y a varios de los ejemplares rescatados de las manos del crimen organizado en un sitio protegido. Están acostumbrados a su nuevo hábitat, tras un proceso de adaptación, dijo una de las encargadas de su cuidado. El lugar, ubicado en una provincia del litoral, no puede ser revelado para no exponer la seguridad de los animales ni de sus custodios. 

En ese refugio de vida silvestre, con distintos hábitats adecuados, encontró también a los caimanes y tigrillos rescatados por la autoridad ambiental.

Los bienes del Gato Farfán son parte de un proceso judicial por presunto lavado de activos. Los jaguares, que se encuentran en la Lista Roja de especies amenazadas de la UICN, están clasificados como casi amenazados, en todo su rango, pero en Ecuador se encuentran en peligro de extinción, según Galo Zapata, director científico de Wildlife Conservation Society (WCS) en Ecuador. 

En el pasado, estos felinos se encontraban en la región costera y amazónica. Pero la población disminuyó debido a la deforestación y a la caza ilegal. Su dieta incluye más de cien tipos de especies y suelen vivir en zonas con acceso a saladeros, sitios con alta concentración de minerales. 

Los jaguares y los cazadores que buscan la carne de monte compiten por las mismas presas en su territorio. «La capacidad de carga del bosque para proveer carne silvestre es de una persona por kilómetro cuadrado, de acuerdo con el último censo de población hay siete personas por kilómetro cuadrado en la Amazonía ecuatoriana», explica Zapata. 

Los jaguares se quedan sin alimentos, entre otras razones, porque la carne del monte abastece una demanda ilegal que sobrepasa el límite del consumo ancestral, garantizado exclusivamente para las poblaciones indígenas. 

«Un jaguar para sobrevivir en el bosque necesita permanecer dos años con su mamá. si muere la madre y quedan solas las crías, la posibilidad de sobrevivencia en el bosque es nula», dice Zapata. 

Cada ejemplar tiene una singularidad. Se trata de las huellas en su pelaje, que son únicas, explica Citlalli Morelos. Esta bióloga y experta en biodiversidad mexicana se afincó en la provincia de Esmeraldas, que limita con Colombia. Creó la reserva Tesoro Escondido, que protege más de dos mil hectáreas de bosque primario en las tierras bajas del Chocó. Este es un punto caliente mundial para la biodiversidad. El área, en Esmeraldas, está amenazada por actividades como extracción de madera, monocultivos y concesiones mineras. 

El proyecto buscaba proteger principalmente a una especie de mono araña, pero las cámaras trampa detectaron la presencia de jaguares en la zona. Hoy, desarrollan programas para convivir con la fauna, en ese entorno natural. 

«A través de programas educativos enseñamos a los niños a sentirse orgullosos de vivir cerca de jaguares, a apreciarlos y cuidarlos, en lugar de verlos como amenazas», explica la bióloga. Los finqueros, que en su mayoría son colonos, también aprenden a proteger su ganado con campanas, que se usan con fines disuasivos. 

El jaguar es un símbolo de fuerza en las culturas ancestrales ecuatorianas. Kemperi, el último gran chamán jaguar, soñaba que el espíritu sagrado protegería a los waorani y a la selva. Pero también advertía que venían nuevas amenazas.

Mar

Tiburones, presa fácil del mundo criminal

Los Choneros, que fueron el grupo delictivo hegemónico en Manabí, están relacionados con la captura y el aleteo de tiburones, actividad complementaria al envío de drogas y combustibles por el océano Pacífico. Pero no es el único actor en el mercado ilegal. Los Lobos empezaron a disputar espacio, como revela el caso de Briones Chiquito. El papel de la flota china es un misterio, podría estar relacionado con la captación de especies de fauna marina, como revelan investigadores a esta alianza.

Aletas de tiburón decomisadas en Ecuador. Foto Revista Vistazo.

En febrero de 2023 una nota periodística en la prensa mexicana daba cuenta de la captura de una embarcación a 195 millas náuticas del puerto marítimo Lázaro Cárdenas, en Michoacán. Llevaba casi 315 kilos de cocaína, distribuidos en ladrillos cubiertos con cinta. Además, transportaba 1.650 litros de hidrocarburos en 33 pomas de plástico.

Dos pescadores ecuatorianos estaban entre los cinco detenidos. Su registro migratorio mostraba una conducta inusual. Ambos habían arribado por vía aérea desde México, Guatemala y El Salvador, en varias ocasiones desde 2016. Sin embargo, no hay registros de que salieran por avión desde suelo ecuatoriano. Al parecer, su desplazamiento seguía un patrón: salían desde las costas de la provincia de Manabí, con cargamentos ilegales que entregaban en altamar. Dejaban las embarcaciones abandonadas y luego volvían en vuelos comerciales a su país de origen.  

La estructura narcodelictiva a la que pertenecían los detenidos en México tenía como cabeza a Leonardo Briones Chiquito, conocido como Iguana o Mexicano. Fue un capitán de barco pesquero, conocía los secretos del mar. Briones Chiquito tenía cercanía con el grupo criminal Los Lobos, que disputa a Los Choneros el control de las rutas marítimas en el Pacífico. Los Choneros han tenido predominio en esta actividad ilegal, particularmente desde las costas de Manabí. Los Lobos, una facción disidente, se extendió por todo el país y amplió su portafolio criminal a las extorsiones, la minería ilegal y los secuestros.

La Fiscalía ecuatoriana logró documentar cómo operaba la estructura criminal de Briones Chiquito, a partir de escuchas telefónicas, seguimientos y allanamientos que duraron más de un año. Este equipo periodístico accedió al proceso judicial, que muestra que la actividad narcodelictiva ahora incluye el tráfico de especies marinas.

La investigación fiscal detectó que en esta estructura de delincuencia organizada había personas específicamente dedicadas a reclutar navegantes para llevar los paquetes de droga en lanchas rápidas, desde puertos manabitas como el de Jaramijó. Cuando detectaban la proximidad de vigilantes, los tripulantes no dudaban en arrojar los bultos de droga al mar. A veces instalaban dispositivos de geolocalización (GPS) con boyas satelitales para recuperarlos y evitar represalias, pues la pérdida de la mercadería se suele pagar con la vida.

Los miembros del grupo se enteraron de la detención de la nave en México, porque uno de los ecuatorianos detenidos alcanzó a llamar a su esposa. Luego de enterarse, organizaron una nueva incursión para rescatar los «caramelos».

Droga al agua

Las comunicaciones entre los pescadores fueron interceptadas en el curso de la investigación fiscal. «Que le pongan una velita a la niña [la virgen] para seguir adelante. Que vieron drones en altamar y botaron los sacos de yute», dice el extracto de una de las conversaciones. En otro diálogo, explican que en el barco llevan a «veedores colombianos» y que los motores son nuevos, lo que sugiere que pudieran alcanzar mayor velocidad. En otra conversación, preguntan quién atrapó «pescado».

Briones Chiquito fue vinculado con la investigación dirigida por la Fiscalía ecuatoriana. No recibió la pena de cárcel, sino una medida que le obligaba a comparecer periódicamente ante representantes de la justicia. Cuando los uniformados allanaron sus propiedades, en el contexto de una nueva investigación fiscal, esta vez por lavado de activos, en casa de una de sus familiares encontraron un caimán de poco más de un metro de longitud.

A mediados de julio de 2025, Briones Chiquito fue acribillado por sicarios junto con su esposa, mientras viajaba en un lujoso carro blindado, resguardado por exintegrantes del Ejército. En respuesta a esos crímenes, una ola de violencia se desató en Manabí. La noche del crimen hubo dieciocho asesinados en esa zona.

La investigación de la Fiscalía ecuatoriana por el delito de lavado de activos siguió su curso y detectó que una empresa pesquera, dedicada a la exportación de mariscos, estaba relacionada con este grupo. La compañía habría lavado 17 millones de dólares, entre 2021 y 2024, según la teoría fiscal.

En agosto de 2018, la embarcación Tahoma del servicio de Guardacostas de los Estados Unidos interceptó una nave cargada con dieciséis bultos, que escondían 769 kilos de cocaína. Cinco tripulantes, dos mexicanos y tres ecuatorianos, fueron detenidos y llevados hasta Florida. Los seis teléfonos satelitales y dispositivos GPS encontrados abordo se convirtieron en la punta del ovillo. 

Así empezó una investigación transnacional que duró tres años y permitió desenmascarar esta estructura narcodelictiva aliada con el cartel mexicano de Sinaloa. Desde las costas de Manabí, una flota de al menos diez embarcaciones llevaba combustible para abastecer a naves que esperaban en el océano Pacífico. Lanchas rápidas acarreaban sacos de cocaína hacia Centroamérica, México y Estados Unidos. En su ruta, pasaban por el sur de las islas Galápagos. 

«Los tiburones son sacrificados por sus aletas. Estas piezas son transportadas a las islas Galápagos, donde se someten a un proceso de preservación y almacenamiento. Cargamentos de aletas luego son enviados a China, donde son apreciadas como un manjar gastronómico. Se les atribuyen supuestos poderes afrodisíacos».

Los investigadores detectaron que ciertas embarcaciones dejaban la mercancía ilícita y luego atrapaban tiburones con un palangre, un método de pesca que consiste en un cordel largo y grueso, del cual penden, cada cierto tramo, ramales con anzuelos. En Ecuador, desde 2007, rige una norma que incentiva la pesca artesanal y permite que los tiburones capturados «accidentalmente» sean utilizados y comercializados.

Un oficial que investigó la estructura narcodelictiva confirmó a este equipo que la captura de tiburones era una actividad complementaria al tráfico de drogas y de combustible. Los tiburones son sacrificados por sus aletas. Estas piezas son transportadas a las islas Galápagos, donde se someten a un proceso de preservación y almacenamiento. Cargamentos de aletas luego son enviados a China, donde son apreciadas como un manjar gastronómico. Se les atribuyen supuestos poderes afrodisíacos.

La justicia ecuatoriana procesó al grupo de involucrados por el delito de tráfico de drogas, pero no por delitos relacionados con la captura ilegal de especies marinas. A pesar de las evidencias, exhibidas en el juicio, dos de los tres jueces que evaluaron en primera instancia lo ocurrido no declararon culpables a los involucrados. 

Según el coronel Carlos Ortega, director de la Policía Antinarcóticos, entre 2024 y 2025 se han capturado dos barcos pesqueros que navegaban en los alrededores de las islas Galápagos. En total, transportaban ilegalmente 27 toneladas de aletas de tiburón, cuyo destino era el mercado asiático. La más reciente captura ocurrió el 10 de agosto pasado cuando un Guardacostas de Estados Unidos detuvo un barco pesquero que transportaba diez toneladas de aletas. Detuvieron a dieciocho personas: trece eran de Manabí, dos de Esmeraldas y una de Quito. El otro caso ocurrió en abril de 2024. Hizo parte de una operación bautizada Fénix 113, en la que la Armada y Guardacostas de Estados Unidos incautaron 16,6 toneladas de aletas. 

En ambas ocasiones, según el coronel Ortega, los pescadores navegaban cerca de Galápagos en la ruta usada para el transporte de cocaína hacia Centroamérica y Estados Unidos. Las autoridades estiman que, previamente, los pescadores también habrían utilizado las embarcaciones para llevar cocaína desde puertos ecuatorianos. Tras entregar la droga, los navegantes, que operan para grupos delictivos como Los Choneros, se dedican a la pesca de tiburones para luego venderles las aletas a intermediarios de la flota china que permanece pescando durante buena parte del año en aguas internacionales, frente a Galápagos.

Guido Núñez es un consultor en temas de seguridad y de crimen organizado. Perteneció a una unidad policial de élite, que empezó a detectar la presencia de embarcaciones con droga a finales de los años noventa. Desde hace varios años sigue la pista de estructuras criminales y delitos ambientales. Núñez encontró una serie de vacíos en el esquema de control y verificación estatal. Los pescadores reciben combustible que hasta mediados de septiembre era subsidiado por el Estado. Pero no hay mecanismos para impedir que sirva para abastecer al narcotráfico. También halló que los tiburones que son atrapados en el palangre son faenados. Usualmente, se retiran sus aletas y, en ocasiones, los cuerpos llegan hasta los puertos de Manabí, desde donde se envían hacia Quito. Aquí, en los mercados de la ciudad andina se venden como carne de corvina.

Grupos criminales en altamar

Los Choneros son el grupo criminal que domina el Pacífico, según el general de la Policía en servicio pasivo, Freddy Sarzosa. «Los pescadores se dedican a estas actividades por la inseguridad que se vive en el mar», dice. «Les asaltan los piratas, les roban los motores fuera de borda, pero además hay factores críticos como la falta de alternativas laborales, la precariedad de empleo». 

En Manabí hay una tradición ancestral de pesca. Los pescadores son expertos en navegar sin instrumentos tecnológicos, usan solo señas climatológicas. Esa experticia es aprovechada por las organizaciones criminales, de acuerdo con Sarzosa. 

Un viaje para llevar droga por mar puede representar un pago de entre 10 mil y 30 mil dólares para el pescador, cuando tiene éxito. Pero hay enormes riesgos. Generalmente la mitad del pago la reciben al concretar el negocio. Algunos son extorsionados al recibir ese dinero. Si llegan a «coronar» y cumplen «la vuelta», cobran el resto. 

Muchos, sin embargo, son interceptados por las autoridades marítimas. En esos casos, optan por arrojar los bultos al océano. Una vez capturados, son llevados a cárceles de Centroamérica, México o Estados Unidos. Según organizaciones de madres y esposas de pescadores detenidos en el exterior, hay cientos de pescadores detenidos en estos países, sin derecho a comunicación con las sedes diplomáticas. 

Cuando la mercancía se pierde, la familia del pescador puede sufrir retaliaciones. «Es un problema complejo que ha ido empeorando. La familia queda en estado de vulnerabilidad. Debe impulsarse una política pública para enfrentar el problema», dice Guido Núñez.

El rol de la flota china

Los barcos chinos que permanecen en tareas de pesca a gran escala en aguas internacionales, frente a Galápagos, sirven como puente para las actividades, de acuerdo con un agente de inteligencia, quien pidió mantener su nombre bajo reserva. «Hemos tenido casos de transporte de cocaína en veleros y embarcaciones pesqueras que han zarpado desde Salinas y Manta, y han sido capturadas en Australia y Corea del Sur, por lo cual es bastante probable que también estén llegando a China», dice.

No obstante, el investigador afirma que es difícil acceder a evidencias sólidas, ya que China no comparte información sobre incautaciones. «La explicación es sencilla», dice. «Ese país no revela cifras porque afectaría su imagen de un sistema que funciona y no tiene los mismos problemas de los países occidentales, como narcotráfico y consumo de drogas».

En el aleteo de tiburones, al parecer, el grupo dominante sigue siendo Los Choneros. «Hemos tenido evidencia de que muchos barcos que sirven como gasolineras flotantes para las lanchas go fast, también trafican especies», dice el agente de inteligencia. A cambio de las especies, el combustible subsidiado y la droga, las naves regresan con armas. El armamento, de grueso calibre, suele ser, en su mayoría, de origen estadounidense y ha contribuido a aumentar la violencia en Ecuador. 

Esta historia se realizó con el apoyo del Centro Pulitzer

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