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Opinión

La libertad de prensa

Un mensaje para los políticos que quieren atacar a los medios de comunicación.
Por | Ilustración: Carolina Upegui
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Yo no sé por qué se están afanando tanto los periodistas por sostener a todo trance la tesis en favor de la libertad de prensa. Es evidente que la letra de molde está ya demasiado desprestigiada entre el público y necesita una valorización eficaz. Pero los periodistas por sí mismos no han logrado efectuar esa valorización: en vano se esfuerzan, no solo por escribir bien, sino por hacerlo con verdadero fervor y hasta con justicia. Nada: la palabra ha perdido totalmente su fuerza de convicción, su dinamicidad efectiva, su influencia motriz sobre las masas. Ya nadie cree en lo que se escribe, sin duda porque se ha abusado demasiado de la pluma y porque ya el escribir no trae consecuencias graves. Y es que la palabra, como ciertos gases, requiere una fuerte presión exterior para que se haga explosiva y peligrosa, para que se convierta en fuerza impulsora. Un editorial, por ejemplo, que le pueda acarrear al autor cuatro años de bóvedas de Cartagena, o el destierro indefinido, tiene que convencer y conmover más al público que el mismo editorial en las circunstancias actuales de libertad, cuando al presidente atacado o a los ministros escarnecidos solo les es permitido sonreír ante el editorialista o rabiar un poco, según el genio de cada cual. Y si ese autor llegara hasta ponerse en peligro de que lo fusilaran, ya no solo convencería y conmovería, sino que llegaría a apasionar de tal manera al público, que podría provocar una revolución. Si Alfonso XIII hubiera fusilado al otro día a Unamuno, a estas horas España fuera una república comunista; pero desgraciadamente el rey, demasiado timorato o demasiado inteligente, no se atrevió a dar ese paso decisivo. 

Realmente, oprimir la prensa es cargar de dinamita los linotipos. La única y última esperanza que yo tengo respecto de la caída del partido conservador en Colombia está en sus tentativas de amordazamiento de la prensa que se insinúan en el Congreso; solo así lograría adquirir la pluma su antiguo prestigio heroico y demoledor, su antigua capacidad de arma terrible, más eficaz que la bomba y más aguda que el puñal; solo así sería efectivo y definitivo el movimiento de oposición.

  Sin contar con que, bajo una presión feroz, práctica, efectiva, el oficio de periodista volvería a hacerse pintoresco y deliciosamente accidentado; porque esta vida así es desesperante, cuando ya ni siquiera lo fusilan a uno, por más que grite. 

Nota del editor: esta columna del escritor antioqueño Luis Tejada aparece en Menudas cosas cotidianas (2026), una antología de sus textos preparada por Penguin Random House.

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