El terremoto no dejó muertos allí, pero desnudó la pobreza, el aislamiento y la violencia de uno de los pueblos más remotos del país, atrapado entre bosques, lluvia y grupos armados. La acechanza de las balas y las explosiones son el sismo de cada día.
Lo que quedó al descubierto en el Chocó tras el terremoto estaba allí desde mucho antes: calles sin alcantarillado, obras públicas abandonadas y los mayores índices de pobreza del país.
Este cuento de la escritora bogotana María José Ojeda hace parte de su primer libro, «Lo quieto se hace turbio» (TusQuets). Lo publicamos a modo de adelanto.